lunes, 29 de octubre de 2012

Una mano que me ayude a cruzar la noche




EFEMERIDES 29 DE OCTUBRE
UNA MANO QUE ME AYUDE A CRUZAR LA NOCHE
Lo llevaban a la rastra dos recios hombres vestidos de blanco, con más de barra brava que de enfermero. El pobre infeliz balbuceaba incoherencias por el anestésico y los relajantes musculares, pero aunque hubiera podido juntar dos palabras, el personal sanitario era demasiado joven para entender. Uno de ellos creyó escuchar que decía: “Yo toqué con B.B. King”. El otro, más veterano en esto de lidiar con enfermos mentales, lo atajó enseguida: - Es un esquizofrénico y como tal, tiene alterada la percepción de la realidad. Simplemente delira… ¡Mirá que este desecho humano va a haber tocado con B.B. King!
El paciente venía de recaída en recaída y la falta de respuesta a los medicamentos habituales, hizo aconsejable incrementar las sesiones de “terapia”. En la jerga del manicomio era un eufemismo para la terapia electroconvulsiva… los electroshocks, para explicarlo con propiedad.
Lo que los asistentes terapéuticos no sabían era que, a comienzos de los 70’, cuando la fama no era cuento, el tipo era alguien en serio y en una gira por Alemania no aguantó el peso de tanta popularidad y se metió tal dosis de LSD que estuvo alucinando tres días seguidos. El ácido lisérgico lo atrapó en su mundo psicodélico y ya nunca volvió a ser el mismo, alternado épocas de euforia con períodos de ausencia emocional. Abominó del dinero, de la música, de las ovaciones y durante años, vivió de la caridad, como un linyera. A veces se le representaba una melodía con una nitidez traslúcida. Otras, lo asaltaba el eco de aplausos lejanos. Nunca podía recordar su nombre. Sin embargo, volvió a subirse a un escenario unas cuantas veces más. Los dedos recorrían las cuerdas, la voz acomodaba los versos, pero esa, esa ya era la vida de otro.
Los pasillos de azulejos blancos se sucedían como un laberinto perverso. Ojos asustados fisgoneaban por la mirilla de las puertas de metal. Cada tanto se escuchaba una carcajada que también podía ser un sollozo. Finalmente, llegaron a la “mazmorra”, como llamaban, con no poca sorna, a las instalaciones donde se aplicaba el tratamiento.
Lo pusieron en la camilla y empezaron a pasarle los correajes de sujeción. El paciente de barba desprolija y mirada caníbal canturreaba: “Necesito la mano de alguien que me guíe a través de la noche, necesito que alguien me abrace y estruje con fuerza… Y ahora, cuando la noche comienza, estoy en un camino sin salida porque necesito tanto tu amor”. A los muchachos, la melodía les resultó levemente familiar.
Mientras le ponían los electrodos en la cabeza, el paciente entró en un estado de agitación y se puso a gritar que él había sido el reemplazo de Eric Clapton en la banda de John Mayall. El nombre de Clapton hizo que los enfermeros se miraran con alguna inquietud. ¿A quién le estaban friendo el cerebro?
Pese a las severas normas de confidencialidad que gobernaban aquel hospicio de las afueras de Londres, los muchachos tomaron coraje y le preguntaron. El hombre levantó la cabeza, lanzó una risotada y antes del desmayo dijo: Yo solía ser Peter Green, de Fleetwood Mac…
En un día como hoy, pero de 1946 nacía en Londres, Peter Allen Greenbaum, mejor conocido como Peter Green, legendario guitarrista de blues y rock, que saltó a la fama con la banda Fleetwood Mac. De una clara influencia en toda una generación de guitarristas, toco entre otros con verdaderas glorias del blues como B.B. King, John Mayall, Eddie Boyd, Otis Spam y Memphis Slim. El abuso con las drogas prácticamente truncó su carrera. Así y todo, la revista Rolling Stone, lo considera el número 38 en la lista de los mejores 100 guitarristas de toda la historia.
© Pablo Martínez Burkett, 2012