viernes, 5 de octubre de 2012

Alto Voltaje




“Alto Voltaje”


Es de noche, llueve a cántaros, una terrible tormenta nos atacó a mitad del camino. A mi lado, en el asiento del acompañante, la abuela Tita duerme y empaña el vidrio con sus ronquidos. Supongo que la vieja ya ha vivido lo suficiente como para no sentirse preocupada; duerme de manera tan apacible que me provoca envidia; o tal vez, será que confía demasiado en los reflejos de su nieto. Parecen baldazos de agua esos que caen sobre el parabrisas; las escobillas no dan abasto para esparcir el agua. Y aun nos quedan unos cien kilómetros para llegar al pueblo.

Quisiera detenerme a un costado y esperar a que mengüe la tormenta, pero las banquinas están anegadas, llenas de charcos y barro. Para peor, en los últimos cincuenta kilómetros no hemos cruzado ninguna estación de servicio en donde poder refugiarnos. No tengo miedo por mí, sino por la abuela, porque si chocásemos con otro auto, tal vez yo sobreviviría, pero ella pobrecita, con sus noventa años, y sus huesos frágiles, se rompería como un cristal.

Tengo sueño, tengo hambre, y tengo miedo; pero no puedo detenerme, solo me resta seguir surcando telones de agua hasta lograr divisar algún sitio en donde esperar que mejore el clima. Enciendo el estereo, y elijo una música que me dé coraje y me mantenga alerta, subo el volumen hasta el máximo; la abuela Tita se despierta sobresaltada pegando un grito.

–¡Pero!... ¡Dios santo nene! ¿Qué es este batifondo? –me pregunta tapándose los oídos.
–Perdón abuela, no te enojes, pero necesito escuchar esto para manejar. 
–¡Madre mía!... ¿es necesario escuchar este ruido para que puedas manejar?
–Es necesario abuela… me mantiene despierto.
–¡Ah!... ¡de eso no me quedan dudas! ¡Desperté pensando que nos estaba arrollando un tren!... ¡esa voz nene!... pero… ¿eso es un ser humano?
–Si Abuela, y se llama Brian Johnson, ¡un gran cantante!
–¿Gran cantante?... ¡Gran cantante era Gardel nene!... pero este… ¡este parece que tuviese un ataque de laringitis!... yo no entiendo como pueden escuchar estas porquerías ustedes, los jóvenes…
–Abuela, como explicarte… ¿te acordás cuando revivieron al abuelo en el hospital?, ¿cuándo le colocaron esas paletas con electricidad en el pecho?... bueno, eso se llama “desfibrilador”; el corazón del abuelo volvió a latir luego de que le dieron electricidad, revivió…
–¿Y que tiene que ver el corazón de tu abuelo, que en paz descanse, con la voz espantosa de este señor? –inquirió la abuela señalando el estereo–. ¡Dios me libre y me guarde! Me duele la garganta de solo escucharlo…
–Me sucede algo similar con esta música… –le respondí–. No sé abuela… me despierta, me llena de coraje, de euforia, ¡me hace sentir vivo!  
            –Nene… si esto te hace sentir vivo, entonces deberías ver a un doctor… o mejor, a un exorcista; yo conozco a uno bueno, atendió a tu padre durante su adolescencia.
–¡No quiero que me exorcicen! Quiero escuchar esta música de alto voltaje, estas guitarras estridentes, y esta voz… que en este instante, es como la voz de Dios para mí.

La abuela se persignó y luego siguió tapándose los oídos con ambas manos. La lluvia no cesaba, y ahora las ráfagas de viento hacían que el auto zigzaguease por la ruta. Pero yo me sentía genial, los truenos se acompasaban con la música; me gustaba la tempestad, y la incertidumbre mojada del parabrisas. A medida que pasaban las canciones, y esa voz estrepitosa retumbaba en la cabina del auto, yo me llenaba de una especie de regocijo inmortal; incluso aceleraba, desafiando al destino, a la tormenta, a Dios. Y mientras mi abuela rezaba el Padre nuestro y el Ave María con los oídos tapados y los ojos cerrados, yo deseaba que esta tormenta, este camino, y esta música, jamás se terminasen.

Llegamos sanos y salvos. La lluvia cesó en el instante en que apagué el auto. La música también terminó; la abuela Tita me miró de esa manera que miran las abuelas a sus nietos queridos.

–Nene, tengo que admitir… que una de las canciones me ha gustado un poco… –me dijo.

Un 5 de octubre como hoy, pero de 1947, en Newcastle, Inglaterra, nacía Brian Johnson, actual vocalista del grupo de hardrock AC/DC. Brian es dueño de una voz impostada y poderosa que ha marcado un antes y un después en la historia del rock pesado. Es considerado uno de los mejores cantantes de este género musical. Su debut como cantante de AC/DC fue con el disco “Back in Black”


           
Texto y pintura de Martín Kaos