viernes, 12 de octubre de 2012

Amor... caótico amor...




“Amor, caótico amor…”


Ante todo, la anarquía, el caos, las peleas, el alcohol, las drogas, el sexo; y por último: “la música”. Así funcionaba el mecanismo de un Punk; pero no ayer, ni hace veinte años; funcionaba así en 1977, en Londres, capital húmeda y gris, donde la burguesía, con su estilo conservador y su falso reinado, no hacía más que impulsar la rebelión de una gran cantidad de  jóvenes.

Un nuevo movimiento se estaba gestando en las calles, se comenzaban a ver jaurías de jóvenes híbridos y violentos, con afiladas crestas de pelo en sus cabezas; con cruces esvásticas, y toda clase de insignias nazis adornando sus cuerpos. Con esa vestimenta exclusiva que incluía pantalones negros ajustados y borcegos intimidantes. Jóvenes dispuestos como soldados de un submundo creado por ellos mismos; dispuestos a pelear una guerra invisible, a violar reglas y destruir todo a su paso; llevando la bandera de su único Dios: “El Caos”.

Había que morir joven, había que lastimarse, intoxicarse; había que vivir al borde del abismo, sentir que cada día era el último, pero no de una manera optimista; porque la idea esencial del punk estaba inspirada en el nihilismo, en lo absurdo del sistema, de las leyes, y las religiones.  

Aunque resultase algo paradójico, este movimiento creía en el amor. Pero en el amor como una forma de rebelión, así como lo pregonaban los hippies tambien en los 70`, pero a diferencia de estos, los punks usaban el amor como un mecanismo más para autodestruirse.

Esta es la historia de Sid, y también la de Nancy. Sid era un auténtico punk, por no decir que era el único. El único que vivía en base a todas las descreencias que vivía un Punk. Nancy solo era una groupie que buscaba revolcarse con alguien de la banda; y al ser ignorada por Johnny, el líder y cantante, decidió acercarse a Sid, el bajista; el integrante más salvaje de todos.

Nancy no era muy bella, hablaba a los gritos todo el tiempo, y estaba casi siempre confundida por las drogas. Para casi todos los de la banda, Nancy resultaba repelente, a ninguno se le pasaba por la cabeza tener un romance con Nancy; salvo a Sid, qué se enamoró perdidamente de ella.

Hasta conocer a Nancy, Sid se había dedicado a consumir alcohol y algunas otras drogas; pero con ella todo cambió, con ella conoció “la heroína”, y ese fue el comienzo del fin para ambos. Nancy acompañaba a Sid a todas partes; en cualquier sitio donde ambos se hallaran, siempre había drogas y problemas. Y a pesar de todo, a pesar del alboroto que la pareja generaba a su alrededor, cada día estaban más unidos. Nada podía separarlos, salvo la muerte.

Esta historia, tiene el final que se merece. El final por el que hubiese optado cualquier punk de buena cepa.


Un 12 de Octubre como hoy, pero de 1978, en Nueva York, Nancy Spungen, de tan solo 20 años de edad, fue encontrada muerta en un hotel. Había sido apuñalada en el estómago. El dueño del cuchillo era su novio, Simon John Ritchie, conocido en el ambiente como “Sid Vicious”, bajista de la mítica banda de punk rock “Sex Pistols”. Sid fue arrestado por la muerte de Nancy, pero lo liberaron por falta de pruebas. Aun hoy se desconoce quien fue el asesino de Nancy. Sid moriría un año después por sobredosis de drogas. El famoso romance entre ambos fue llevado al cine en 1986 por el director Alex Cox; la película se llamó: “Sid y Nancy”; fue protagonizada por Gary Oldman en el papel de Sid, y Chloe Webb en el papel de Nancy.



Texto y pintura de Martín Kaos